Acaba de pasar y es de los más lindos que tuve. Porque por primera vez, no dudo de que es merecido. Merecido y ganado. En buenísima ley.
En ese segundito que se corrió el velo de lo cotidiano, supe que todo va a salir bien. Mejor dicho, que YO voy a hacer que todo salga bien. Porque aunque siempre hice cosas con ganas, dedicación y perseverancia, esta es la primera vez que puedo decir con total convencimiento que estoy dando todo de mí.
Todavía me cuesta creerlo, porque no estoy acostumbrada y porque siempre pesa esa parte de la perfección inalcanzable o de la mediocridad disfrazada. Sin embargo, esta vez no necesito perfección, porque más bien siento que, a mi manera, la estoy alcanzando.
Pero el click feliz no tiene que ver sólo con metas y esfuerzos, tiene que ver sobre todo con paz, con satisfacción, con amor por lo que soy capaz de hacer y una inexplicable seguridad de estar en el camino correcto, recorriéndolo COMO QUIERO, SIN DEJAR NADA DE LO QUE ARREPENTIRME MAÑANA. Desde hoy, ese va a ser mi deseo para las personas que quiero. Porque si está eso, no falta nada.
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