martes, 5 de junio de 2012

Así en la vida como en el cine - Click Punta de Ovillo con dedicación especial a Woody Allen (y encima le puso mi nombre)

En los últimos días empecé a ver más películas. Supongo que es fruto de algunas recomendaciones, pero especialmente de un estado de ánimo que me pedía fantasear, sentirme parte, aunque sólo sea como espectadora, de una realidad distinta. Pero descubrí más cosas, que sin saberlo, estaba buscando. Cosas que antes había dejado pasar.

Hasta el momento sólo hay una que pude más o menos elaborar. Se podría titular "¿Qué finales queremos?" y sería algo así: estamos acostumbrados a que las películas terminen como suponemos, no sólo el final feliz del chico con la chica comiendo perdices para toda la eternidad; a veces son tristes, pero en algún punto esperables. Es como si en nuestras mentes convirtiéramos la trama de la película en el destino y pretendiéramos que "sea lo que tenía que ser", bueno o malo, pero previsible. Es curioso que aunque sepamos cómo va a terminar todo, sigamos viendo hasta el final, no sé si para confirmarlo o para qué, no sé si hay un pequeño espacio a la duda, pero ahí seguimos, frente a la pantalla hasta el final la gran mayoría de las veces.

Pero me encontré con un(os) final(es) que simplemente no esperaba. Y no lo esperaba porque era extremadamente SIMPLE, porque era muchísimo más parecido a los finales de todos los días en nuestras vidas comunes y corrientes, donde no suele pasar nada fantástico ni sobrenatural, donde la historia de amor no está predestinada a ser, donde Cupido no flecha a nadie para siempre, ni el príncipe sortea los peores obstáculos hasta llegar, indefectiblemente, a su princesa; donde ni los buenos siempre ganan ni los malos tienen su merecido o los atormenta su consciencia y donde los protagonistas son cobardes como yo y se asustan y no se juegan y siguen con sus vidas después de los créditos del final, volviendo a alimentar la esperanza de que algún día algo mágico suceda que les cambie la vida y la transforme en lo que siempre desearon.

La primera reacción fue de enojo, pero en seguida se transformó en agradecimiento. Después de todo, ¿no nos la pasamos diciendo que queremos finales diferentes? ¿Pero queremos finales diferentes para las películas o para nuestras vidas? ¿Y qué hacemos para que nuestros finales cambien? ¿Eh?

jueves, 10 de mayo de 2012

En red - Click Punta de Ovillo

Nos la pasamos diciendo que las redes sociales cambiaron en muchos sentidos nuestra vida, que ahora tenemos más contacto con personas "virtuales" y menos con las de carne y hueso, que abundan los "amigos" en detrimento de los AMIGOS.

Que cambió la relación con las empresas, su forma de llegar a los clientes y la posibilidad de que la comunicación sea bidireccional. Que ahora tenemos acceso a decirle algo a un famoso sin intermediarios y sin complicaciones.

Que escuchar la radio o mirar televisión es cada vez más, un fenómeno multimediático y permanentemente retroalimentado. Que no es que leemos menos, sino que leemos distinto y en diferente soporte.

Leí por ahí incluso que las redes sociales nos cambian la forma de pensar, de procesar información, que alteran y modifican nuestra memoria. Esto vino a respaldar algo que yo venía sintiendo: que hace un tiempo empecé a pensar en "modo Facebook" y "modo Twitter", que lo que pasa por mi mente, casi siempre se transforma en "cómo transmitirlo en la red" o "a qué red se adecua mejor".

Hasta ahí, estoy de acuerdo con todo, excepto con lo de los amigos. Pero ayer me di cuenta (o mejor dicho, me di cuenta de que ya me había dado cuenta) de lo que, para mí, es la mayor transformación que trajeron las redes sociales: nuestra manera de estar solos.

Podría ser más específica, pero me parece más divertido que cada uno lo adapte a su realidad y piense si está de acuerdo, si le pasa...

sábado, 14 de abril de 2012

Enorme signo de madurez - Click Terapia

La madurez se compone de un montón de factores. Pero me arriesgaría a decir que el más importante y abaracativo de ellos, es empezar a reconocernos, con nuestros defectos y virtudes, y poder, en base a esos descubrimientos, tomar control de nuestra vida y llevarla a donde nos propongamos llegar.

Supongo que es un trabajo de toda la vida y más, pero personalmente, cada vez que encuentro una de esas pequeñas muestras de que hoy puedo algo que ayer no podía, me siento un poco más dueña de mí misma y un poco más feliz.

La lección de hoy tiene que ver con los caprichos o mejor dicho con poder separar el sentimentalismo de la razón (siempre y cuando sea necesario). Antes no podía. Antes, si se me metía en la cabeza que quería hacer algo de determinada manera, aunque todos los astros del mundo me demostraran que racionalmente no era la mejor opción, yo ahí seguía, firme en mi obstinación emocional.

Pero hoy pude. Primero fui capaz de reconocer que ante un evento inesperado que podría haberme descolocado, lo que realmente me afectaba, era "solamente" el componente emocional. También pude ver que estaba bien que esto estuviera pasando, que era necesario e inevitable. Desde ahí, todo cobró sentido. Dejando pasar las horas y sobre todo, compartiendo mi preocupación (siempre hay que compartir las cosas con las personas adecuadas), pude ver que quizás ese deseo que yo tenía, se va a satisfacer de otra manera, que forzarlo a que encaje con una necesidad particular no es lo más conveniente. Y no desesperé, entendí y disfruté. Porque lo que deba ser será. Y cada cosa tiene su lugar.

viernes, 13 de abril de 2012

Pensar o no pensar, esa es la cuestión - Click Terapia

A veces es tan difícil asumir que lo que nos pasa es mucho más consecuencia de nuestras actitudes que efecto del azar o la "suerte". A veces pienso que me encanta como soy y otras desearía tanto ser distinta por un ratito. El problema está en reaccionar cuando la oportunidad pasó, cuando no podés volver el tiempo atrás. Pero lo triste del caso es darte cuenta de que no pensaste, de que te salió el "no" por el "sí" o simplemente el silencio, pero que no te detuviste ni un segundo a pensar en qué habrías querido contestar. No es que se trate de grandes cosas, de esas que te cambian el destino (o quizás sí, lo gracioso del caso es que ya nunca lo sabrás), pero son momentos en que te replanteás tu "yo" entero y empezás a entender que por segundos como este, en que no pensaste, estás como estás.

viernes, 20 de enero de 2012

La clave de la vida - Click Voilá

No voy a descubrir la pólvora con lo que voy a decir, pero estoy casi completamente segura de que la clave de la vida es manejar las energías. Ni más ni menos que eso, pensalo.

miércoles, 11 de enero de 2012

Más liviana - Click Terapia

No supongas, no analices, no imagines, no deduzcas, no saques conclusiones, no calcules milimétricamente.

No pienses que el otro supone, analiza, imagina, deduce, concluye, calcula.

Sólo sé.

martes, 10 de enero de 2012

Los medios y los fines, los fines y los medios - Click Punta de Ovillo

Hay algo que está mal. Hay fines que justifican los medios y hay medios que no se justifican con nada.

Pero hay medios que tienen su propio valor. Hay medios que no se pueden usar para llegar a fines, porque deberían ser fines en sí mismos.

Si te das cuenta de que estás tratando desesperadamente de inventar medios para llegar a fines, quizás estés empezando por el final. Seguramente tengas decenas de intentos fallidos, y seguramente te frustres y se te vayan yendo las ganas. Entonces no lo hagas. Confiá en que el medio correcto para el fin buscado va a llegar cuando menos lo esperes y sin que te des cuenta. Pero sobre todo, cuando no recuerdes que lo estabas haciendo por un fin, sino más bien, cuando lo único que importe sea el medio.

Cuando los medios se confundan con los fines, cuando ya no sepas que tenías fines. Cuando no haya medios ni fines.