La madurez se compone de un montón de factores. Pero me arriesgaría a decir que el más importante y abaracativo de ellos, es empezar a reconocernos, con nuestros defectos y virtudes, y poder, en base a esos descubrimientos, tomar control de nuestra vida y llevarla a donde nos propongamos llegar.
Supongo que es un trabajo de toda la vida y más, pero personalmente, cada vez que encuentro una de esas pequeñas muestras de que hoy puedo algo que ayer no podía, me siento un poco más dueña de mí misma y un poco más feliz.
La lección de hoy tiene que ver con los caprichos o mejor dicho con poder separar el sentimentalismo de la razón (siempre y cuando sea necesario). Antes no podía. Antes, si se me metía en la cabeza que quería hacer algo de determinada manera, aunque todos los astros del mundo me demostraran que racionalmente no era la mejor opción, yo ahí seguía, firme en mi obstinación emocional.
Pero hoy pude. Primero fui capaz de reconocer que ante un evento inesperado que podría haberme descolocado, lo que realmente me afectaba, era "solamente" el componente emocional. También pude ver que estaba bien que esto estuviera pasando, que era necesario e inevitable. Desde ahí, todo cobró sentido. Dejando pasar las horas y sobre todo, compartiendo mi preocupación (siempre hay que compartir las cosas con las personas adecuadas), pude ver que quizás ese deseo que yo tenía, se va a satisfacer de otra manera, que forzarlo a que encaje con una necesidad particular no es lo más conveniente. Y no desesperé, entendí y disfruté. Porque lo que deba ser será. Y cada cosa tiene su lugar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario