¿Cómo se puede ser tan soberanamente hijo de puta? ¿Qué mierda tiene en la cabeza el terrible sorete que secuestra a una nena y decide asesinarla? ¿Cómo resiste esa cosa (perdón, pero no le puedo decir persona) la mirada agonizante, llena de terror y desconcierto de quien se encuentra con la muerte exageradamente temprano y no por culpa del destino, Dios o lo que fuere que decide esas cosas, sino a manos de una tremenda lacra humana que al saberse inservible, incapaz de vivir una vida, elige quitársela a otro? Y le arruina la existencia a una familia que de ahora en más va a andar por la vida con una parte menos, con el corazón hecho pedazos. Y a todos los que mañana nos vamos a despertar con la sensación de vivir en un país que no deseamos, en un mundo que no queremos.
No le deseo la muerte, no se la deseo a nadie. A algunos les queda chica. Les deseo que cada mañana al despertar, cada mediodía, cada tarde y cada noche antes de acostarse, los atormente la mirada de esa nena (y la de quién sabe cuántos otros que habrán matado a sangre fría; qué digo sangre, veneno deben tener en las venas). Que no puedan con su consciencia si es que la tienen, que no puedan mirarse al espejo sin que lo invadan las náuseas, que a cada paso que den las agujas de la culpa se les claven en el cerebro y no los dejen pensar, que les pese el alma, que no puedan respirar, que no duerman nunca más.
miércoles, 31 de agosto de 2011
domingo, 28 de agosto de 2011
Hoy tuve un gran - Click Feliz
Bueno, a decir verdad (porque me cuesta demasiado faltar a ella) no fue un click. Fue una gran y hermosa sensación de felicidad. Ocurrió sentada en el balcón, sol de frente, ruidos urbanos atenuados por paz dominguera, fotocopias en regazo, resaltador a diestra y mate a siniestra.
Noté que estoy avanzando con algunas de esas cosas que me obstruían el pensamiento y que en breve voy a sentirme sin culpa de disfrutar más momentos. Y por eso fui feliz.
Ahí fue cuando me di cuenta de que la felicidad muchas veces tiene que ver con el alivio, con la descarga de una mochila que, esté llena de lo que esté, y por más placeres que nos depare, a veces comienza a pesar. Y así también pude entender por qué hacen falta los dolores, las preocupaciones, las obligaciones y el stress. Porque sin ellos no es que la felicidad no llega, es simplemente que no nos damos cuenta.
Noté que estoy avanzando con algunas de esas cosas que me obstruían el pensamiento y que en breve voy a sentirme sin culpa de disfrutar más momentos. Y por eso fui feliz.
Ahí fue cuando me di cuenta de que la felicidad muchas veces tiene que ver con el alivio, con la descarga de una mochila que, esté llena de lo que esté, y por más placeres que nos depare, a veces comienza a pesar. Y así también pude entender por qué hacen falta los dolores, las preocupaciones, las obligaciones y el stress. Porque sin ellos no es que la felicidad no llega, es simplemente que no nos damos cuenta.
Los de afuera no son de palo - Click Terapia
Estoy empezando a pensar que soy LA contradicción hecha mujer. Y también la coherencia. No, mejor dicho un intento de ella. Mmm, contradicción es más adecuado. No, ya está, contradicción para algunas cosas y extrema coherencia para otras. Aunque eso sería contradictorio... Bueno, no sé.
A veces pienso (y es otra cosa que odio de mí), que usualmente me mido con la vara de los demás. Puedo estar bastante convencida de algo, pero un comentario negativo puede hacerme dudar. Y me cuesta mucho recomponer esa seguridad. O puedo estar muy en duda con algo y sólo con un mensaje alentador, amigarme definitivamente.
Debería resultar obvio que lo odioso de todo esto es saberme dependiente e insegura, reconocer que siempre voy a estar anhelando un poquito de certezas y un montón de críticas constructivas. No sólo positivas, porque al no ser soberbia, aprendo de todas ellas. No quiero amistades condescendientes, sino de la más alta sinceridad. Pero saber que mi ánimo y motivación flamean en sentido de sus vientos... Eso no está bien.
Lo anterior no tendría sentido sin su correspondiente contradicción: la cosa es que no siempre me dejo guiar por esas visiones externas sobre mí. Especialmente cuando son muy positivas y más si percibo en ellas completa honestidad. En esos casos me obligo a pesar que son derivadas de alguna especie de cariño cegador. Y cuando no es cariño supongo, simplemente, equivocación.
Sé que estoy hablando de lo mismo que ya hablé, sólo observado de distinto ángulo. Puta que esto es terapia, che. Estoy entendiendo que la línea entre la humildad y la subestimación es muy delgada, muy borrosa y está en continuo movimiento. El punto será descubrir de qué lado quiero estar. O de cuál puedo.
A veces pienso (y es otra cosa que odio de mí), que usualmente me mido con la vara de los demás. Puedo estar bastante convencida de algo, pero un comentario negativo puede hacerme dudar. Y me cuesta mucho recomponer esa seguridad. O puedo estar muy en duda con algo y sólo con un mensaje alentador, amigarme definitivamente.
Debería resultar obvio que lo odioso de todo esto es saberme dependiente e insegura, reconocer que siempre voy a estar anhelando un poquito de certezas y un montón de críticas constructivas. No sólo positivas, porque al no ser soberbia, aprendo de todas ellas. No quiero amistades condescendientes, sino de la más alta sinceridad. Pero saber que mi ánimo y motivación flamean en sentido de sus vientos... Eso no está bien.
Lo anterior no tendría sentido sin su correspondiente contradicción: la cosa es que no siempre me dejo guiar por esas visiones externas sobre mí. Especialmente cuando son muy positivas y más si percibo en ellas completa honestidad. En esos casos me obligo a pesar que son derivadas de alguna especie de cariño cegador. Y cuando no es cariño supongo, simplemente, equivocación.
Sé que estoy hablando de lo mismo que ya hablé, sólo observado de distinto ángulo. Puta que esto es terapia, che. Estoy entendiendo que la línea entre la humildad y la subestimación es muy delgada, muy borrosa y está en continuo movimiento. El punto será descubrir de qué lado quiero estar. O de cuál puedo.
viernes, 26 de agosto de 2011
Fotoperiodismo - Click Fundamental
Y un día en la vida -a decir verdad y afortunadamente, suelen ser varios días en la vida- cae alguien que te habla un ratito y te vuela la cabeza, te la roba y te la devuelve hecha añicos. De los pedazos tenés que volver a armarla y quedás como cubista, ya nada se ve igual. Descubrís nuevas cosas en las de siempre. Lo simple deja de serlo y se transforma en arte. Ves magia por todos lados, todo te llena de ideas. Querés hacer mil millones de cosas, todo te interesa, pero sobre todo, todo te parece fundamental. Hasta lo más obvio.
Es gente que ama lo que hace y hace lo que ama y su pasión es tan enorme que la contagia porque de tanta no le entraría en el cuerpo, ni siquiera en el alma. No importa si dos minutos antes te parecía una idiotez lo que creías que te iba a decir, de repente estás en su mundo y no sólo no podés evitar formar parte, sino que lo hacés tuyo también, aunque sea por el tiempo que dure la conmoción. Pero aún cuando se va, algo queda y lo que sos se va formando de las marcas que te dejan para siempre. Es el regalo más lindo que alguien te puede hacer. Y puede venir de gente que casi no te conoce y que quizás nunca vuelvas a ver, eso es lo especial.
Es gente que ama lo que hace y hace lo que ama y su pasión es tan enorme que la contagia porque de tanta no le entraría en el cuerpo, ni siquiera en el alma. No importa si dos minutos antes te parecía una idiotez lo que creías que te iba a decir, de repente estás en su mundo y no sólo no podés evitar formar parte, sino que lo hacés tuyo también, aunque sea por el tiempo que dure la conmoción. Pero aún cuando se va, algo queda y lo que sos se va formando de las marcas que te dejan para siempre. Es el regalo más lindo que alguien te puede hacer. Y puede venir de gente que casi no te conoce y que quizás nunca vuelvas a ver, eso es lo especial.
jueves, 25 de agosto de 2011
U1000D - Click Terapia
Es rara la forma en que funciona mi autoestima. Creo que está ligada con mis expectativas. O quizás a la obligación que siento de demostrar algo. Me siento una luz en los ámbitos en los que debería verme chiquita como una hormiguita. Por ejemplo en la maestría soy una genia. No sólo siento que las cosas que se me ocurren están a la altura (o más arriba aún) de lo que dice gente que suponía muy superior a mí, sino que además me siento orgullosa de mi capacidad de síntesis, de decir lo necesario, lo correcto, sin extenderme ni enroscarme en largos monólogos aburridos. A veces respondo una pregunta con una frase precisa que sintetiza de manera comprensible y clara. Y eso es un don que no todos tienen. Y yo sí. Un punto para mí.
Porque a la gente que cree que sabe todo le encanta dar vueltas y vueltas, agregar detalles, usar palabras difíciles que no llevan a ningún lado. Yo a eso lo llamo soberbia. Y es una de las cualidades que más me molestan en los seres humanos. Por eso destaco mi humildad. Es mi mayor orgullo. Es eso de lo que SIEMPRE estoy segura, no lo dudo, ni tampoco pienso que sea falsa. Es sincera y me parece que decirlo no la anula, la engrandece.
Usualmente roza con esa inseguridad que me persigue. No sé por qué me persigue tanto. Yo sé lo que se ve de mí. La imagen que doy es mejor de la que veo. Y tampoco sé por qué. Son las cosas de la vida, son las cosas del quererME.
Porque a la gente que cree que sabe todo le encanta dar vueltas y vueltas, agregar detalles, usar palabras difíciles que no llevan a ningún lado. Yo a eso lo llamo soberbia. Y es una de las cualidades que más me molestan en los seres humanos. Por eso destaco mi humildad. Es mi mayor orgullo. Es eso de lo que SIEMPRE estoy segura, no lo dudo, ni tampoco pienso que sea falsa. Es sincera y me parece que decirlo no la anula, la engrandece.
Usualmente roza con esa inseguridad que me persigue. No sé por qué me persigue tanto. Yo sé lo que se ve de mí. La imagen que doy es mejor de la que veo. Y tampoco sé por qué. Son las cosas de la vida, son las cosas del quererME.
miércoles, 24 de agosto de 2011
Leete esto y escucho tus intervenciones, Lic. - Click Terapia (nunca mejor dicho)
Hay algo más que odio de mí y olvidé decirlo antes. Pero está bien, porque merece un párrafo aparte. Porque lo odio MUCHO. Porque me bloquea. Es mi autoexigencia que me frena y censura. Que además de autoexigencia es inseguridad.
No es casual que hace muchos días no escribo. Me agoté. No me cansé de escribir, me cansé de que se me crucen ideas y que al formularse en mi cabeza me parezcan asquerosas y aborrecibles. Me cansé de lo mismo que me impide hacer tantas cosas que en un principio me parecen magníficas y al ratito descartables. Me cansé de que todo me recuerde a todo, de que las formas nuevas me lleven a las viejas que ya me empalagaron. De los adjetivos, los sinónimos, de empezar las frases con "ys", con "peros", con "porques", de repetir partes de la frase anterior para enfatizar, de la sensibilidad extrema y la exposición. De leer y releer. De buscar, de encontrar, de gastar las palabras.
Me cansé de no avanzar, de encerrar mi potencial, ningunearlo y aplastarlo. Y ahí está otra vez, la desazón, ya no quiero más.
El día que me decida a darle una segunda oportunidad a la terapia le paso este link al psicólogo y que se anoticie de mis problemitas, así no gasto saliva. Este es un buen lugar para empezar. Sí, sí, voy a hacer eso. Bueno, al menos sirvió para algo.
No es casual que hace muchos días no escribo. Me agoté. No me cansé de escribir, me cansé de que se me crucen ideas y que al formularse en mi cabeza me parezcan asquerosas y aborrecibles. Me cansé de lo mismo que me impide hacer tantas cosas que en un principio me parecen magníficas y al ratito descartables. Me cansé de que todo me recuerde a todo, de que las formas nuevas me lleven a las viejas que ya me empalagaron. De los adjetivos, los sinónimos, de empezar las frases con "ys", con "peros", con "porques", de repetir partes de la frase anterior para enfatizar, de la sensibilidad extrema y la exposición. De leer y releer. De buscar, de encontrar, de gastar las palabras.
Me cansé de no avanzar, de encerrar mi potencial, ningunearlo y aplastarlo. Y ahí está otra vez, la desazón, ya no quiero más.
El día que me decida a darle una segunda oportunidad a la terapia le paso este link al psicólogo y que se anoticie de mis problemitas, así no gasto saliva. Este es un buen lugar para empezar. Sí, sí, voy a hacer eso. Bueno, al menos sirvió para algo.
lunes, 15 de agosto de 2011
Vu dejá - Click Terapia
Yo sé que no soy del todo normal. Es más, soy tan anormal que hasta a veces pienso que mi anormalidad es normal. Entonces algunas cosas ni siquiera las cuento como algo notable, porque pienso que no son tan notables. Sin embargo, si a las personas más parecidas a una no les pasa lo mismo, quizás no sea, después de todo, tan normal.
La cosa es que mi mente tiene un estado de deja vú al revés. Es decir, no es ver algo que pasa y después instalarlo en la mente creyendo que ya lo habías visto, sino que una idea se mete en tu cerebro y después transformás la realidad para adaptarla a esa idea. Por más ridícula que sea. ¿Ejemplos?
Voy caminando. A mitad de cuadra un hombre en silla de ruedas parece esperar algo o a alguien. Sigo caminando. A los pocos pasos pienso que quizás necesitaba ayuda. Aunque no parecía necesitarla. ¿Y si sí y yo no se la ofrecí? Pero bueno, ya pasaron 2 o 3 cuadras... Uy! Ahí enfrente hay un señor mayor parado en la esquina con ganas de cruzar, y tal vez sin firmeza en los pasos. Mientras voy cruzando hacia él me mira con cara de "algo". Este no se me escapa: -"¿Necesita ayuda?"- Ahora sí me está poniendo cara de "algo" y creo que es cara de "Vos necesitás ayuda, nena, ¿qué te pasa?". - "No.." - "Ah, perdón, me pareció que tenía cara de..."- Si, mejor seguí caminando y callate la boca... LOCA!
Y como ese hay tantos ejemplos que ahora no se me ocurren más. Bueno, en realidad hay uno que pasó hace unos 12 años y es tan pero tan estúpido que no sólo lo recuerdo a la perfección, sino que todavía me avergüenza y por eso no lo pienso escribir. Pero ya van a aparecer más, eso seguro.
La cosa es que mi mente tiene un estado de deja vú al revés. Es decir, no es ver algo que pasa y después instalarlo en la mente creyendo que ya lo habías visto, sino que una idea se mete en tu cerebro y después transformás la realidad para adaptarla a esa idea. Por más ridícula que sea. ¿Ejemplos?
Voy caminando. A mitad de cuadra un hombre en silla de ruedas parece esperar algo o a alguien. Sigo caminando. A los pocos pasos pienso que quizás necesitaba ayuda. Aunque no parecía necesitarla. ¿Y si sí y yo no se la ofrecí? Pero bueno, ya pasaron 2 o 3 cuadras... Uy! Ahí enfrente hay un señor mayor parado en la esquina con ganas de cruzar, y tal vez sin firmeza en los pasos. Mientras voy cruzando hacia él me mira con cara de "algo". Este no se me escapa: -"¿Necesita ayuda?"- Ahora sí me está poniendo cara de "algo" y creo que es cara de "Vos necesitás ayuda, nena, ¿qué te pasa?". - "No.." - "Ah, perdón, me pareció que tenía cara de..."- Si, mejor seguí caminando y callate la boca... LOCA!
Y como ese hay tantos ejemplos que ahora no se me ocurren más. Bueno, en realidad hay uno que pasó hace unos 12 años y es tan pero tan estúpido que no sólo lo recuerdo a la perfección, sino que todavía me avergüenza y por eso no lo pienso escribir. Pero ya van a aparecer más, eso seguro.
jueves, 11 de agosto de 2011
50 centavos - no sé que Click es, pero lo quiero decir
No sé cómo voy a escribir todos los pensamientos amontonados a lo largo de una estación de tren, 5 cuadras y dos subidas y una bajada en ascensor. No sé como voy a hacer para que no se peleen unos con otros, pero sé que lo tengo que intentar.
En el tren un chico se toma el trabajo de tocarme el brazo para llamar mi atención. Digo un chico, pero la verdad es que no puedo saber cuántos años tiene. Quizás 15, quizás 20, pueden ser 30 también. No tengo idea porque es bajito, menudito y no tiene expresión en su cara. Y me da un papel fotocopiado y arrugado de unos 4 x 2 cm que dice "Hola, me podés ayudar con una moneda, gracias." Lo acepto y mientras se va acercando a los demás pasajeros intentando entregarles el mismo papelito, lo sigo con la mirada. Nadie lo acepta. O para no ser injusta por si se me escapó algo, casi nadie. La mayoría le hace que no con la cabeza, sólo una chica le sonríe en ademán de que está todo bien, pero que no, no lo quiere. Muchos otros ni siquiera levantan la vista ni gesticulan, ni lo rechazan. Simplemente hacen como si no estuviera ahí. Y yo justo tenia los 50 centavos que me había dado el boletero en el bolsillo. Y puedo no dárselos, pero decido que lo voy a hacer cuando vuelva. Si, ya sé, podría usarlos (sumados, por supuesto, a muchos otros centavos que hasta ahora no vi que le dieran) para comprar alcohol o drogas. Si, lo sé, pero también puede ser que no. Y me parece que lo que esa persona necesita es otra cosa, no los 50 centavos. Pero esa moneda va a ser mi excusa para darle eso que necesita. Al menos en la modesta suma en que soy capaz de dárselo. Entonces veo que vuelve caminando y cuando se acerca lo suficiente extiendo mi mano con el papelito y la moneda. Se los doy. Me agarra la mano junto con el papel y los centavos, no con violencia, sino con gentileza. Y no me la suelta por los próximos 5 o 10 segundos, no sé. Y yo le sonrío, porque creo que eso es lo que va a hacer él también. Pero su rostro no emite señal, como si no tuviera músculo alguno. Igual, yo sé que me está sonriendo por dentro, que eso es lo que quiere, pero que su cara no está acostumbrada a tal utopía. Me sigue mirando muy fijo y creo que quiere decirme algo. Hasta ese momento había creído, sin pensarlo demasiado, que era sordo y mudo. Por lo del papelito, digo. Pero cuando intuyo que me quiere decir algo, me saco un auricular, me acerco un poquito y escucho un tenue "gracias". Tan suave que hasta pienso si no lo habré imaginado, sólo porque era lo esperable en tales circunstancias. Le contesto "no, de nada" y le toco el hombro al tiempo que le aconsejo "cuidate". Y muy despacito, sigue su camino. Lo veo incluso volver a intentar entregar el papel a las mismas personas que ya lo habían ignorado, acaso con la ilusión de que esta vez fuera diferente. En determinado momento dejo de mirarlo, se va hacia el lado al que estoy dando la espalda. Y unos segundos después siento que me tocan una vez más el brazo. Y ahí está, mirándome igual de fijo. Con las mismas ganas de sonreír y con la misma imposibilidad de hacerlo. Y me vuelve a decir "gracias". Esta vez un poquito más fuerte, de manera que no me queden dudas. Y me rodea y se para a mi otro costado y se queda ahí, quietito. Y de repente me dice "que calor que hace" y le contesto que sí con otra de mis sonrisas que deseo le sirvan para algo. A los pocos segundos me vuelve a mirar, me vuelve a agradecer y me acerca la cara para darme un beso, o que se lo de yo. Y se lo doy, cómo no se lo voy a dar si es lo único lindo que se va a llevar de ese vagón. Y le vuelvo a tocar el hombro, a recomendarle que se cuide y allá va, a seguir su odisea del otro lado de la puerta. Y en ese momento me quedo tan sola y con tanta fuerza acumulada en el pecho. Un poco de satisfacción, tristeza, asombro, dolor. No sé si es todo lo que podía hacer en ese momento, pero es lo que salió y creo que tan mal no estuvo. Quiero reír y llorar. Quiero que alguien entre los presentes se dé cuenta de lo que acaba de pasar, quiero que esa sensación que me está por desbordar les llegue a todos ellos, pero lo dudo. Me bajo del tren y tengo fuerza para todo, para lo que se me ocurra. Y me olvidé de las ganas de hacer pis y de la muela que sangra. ¿Qué importa todo eso? Son puras pavadas.
Y hasta llegar a casa todo es buena energía, finalmente en la esquina encuentro al recuperador por el que hace tantos días aguardaba mi colección de matutinos, le pido que me espere y se los alcanzo. "Ah, pensé que habías subido acá" "Cuidado que pesa." "Gracias" Y de enfrente la Federal "Pensé que te mudabas con esa bolsa." "No, jaja". Y mi vecina de no sé que piso "Es un lindo número el 7. Era el preferido de mi madre. Suerte, que tengas un buen día".
Si no es de esto, ¿de qué se trata la vida?
En el tren un chico se toma el trabajo de tocarme el brazo para llamar mi atención. Digo un chico, pero la verdad es que no puedo saber cuántos años tiene. Quizás 15, quizás 20, pueden ser 30 también. No tengo idea porque es bajito, menudito y no tiene expresión en su cara. Y me da un papel fotocopiado y arrugado de unos 4 x 2 cm que dice "Hola, me podés ayudar con una moneda, gracias." Lo acepto y mientras se va acercando a los demás pasajeros intentando entregarles el mismo papelito, lo sigo con la mirada. Nadie lo acepta. O para no ser injusta por si se me escapó algo, casi nadie. La mayoría le hace que no con la cabeza, sólo una chica le sonríe en ademán de que está todo bien, pero que no, no lo quiere. Muchos otros ni siquiera levantan la vista ni gesticulan, ni lo rechazan. Simplemente hacen como si no estuviera ahí. Y yo justo tenia los 50 centavos que me había dado el boletero en el bolsillo. Y puedo no dárselos, pero decido que lo voy a hacer cuando vuelva. Si, ya sé, podría usarlos (sumados, por supuesto, a muchos otros centavos que hasta ahora no vi que le dieran) para comprar alcohol o drogas. Si, lo sé, pero también puede ser que no. Y me parece que lo que esa persona necesita es otra cosa, no los 50 centavos. Pero esa moneda va a ser mi excusa para darle eso que necesita. Al menos en la modesta suma en que soy capaz de dárselo. Entonces veo que vuelve caminando y cuando se acerca lo suficiente extiendo mi mano con el papelito y la moneda. Se los doy. Me agarra la mano junto con el papel y los centavos, no con violencia, sino con gentileza. Y no me la suelta por los próximos 5 o 10 segundos, no sé. Y yo le sonrío, porque creo que eso es lo que va a hacer él también. Pero su rostro no emite señal, como si no tuviera músculo alguno. Igual, yo sé que me está sonriendo por dentro, que eso es lo que quiere, pero que su cara no está acostumbrada a tal utopía. Me sigue mirando muy fijo y creo que quiere decirme algo. Hasta ese momento había creído, sin pensarlo demasiado, que era sordo y mudo. Por lo del papelito, digo. Pero cuando intuyo que me quiere decir algo, me saco un auricular, me acerco un poquito y escucho un tenue "gracias". Tan suave que hasta pienso si no lo habré imaginado, sólo porque era lo esperable en tales circunstancias. Le contesto "no, de nada" y le toco el hombro al tiempo que le aconsejo "cuidate". Y muy despacito, sigue su camino. Lo veo incluso volver a intentar entregar el papel a las mismas personas que ya lo habían ignorado, acaso con la ilusión de que esta vez fuera diferente. En determinado momento dejo de mirarlo, se va hacia el lado al que estoy dando la espalda. Y unos segundos después siento que me tocan una vez más el brazo. Y ahí está, mirándome igual de fijo. Con las mismas ganas de sonreír y con la misma imposibilidad de hacerlo. Y me vuelve a decir "gracias". Esta vez un poquito más fuerte, de manera que no me queden dudas. Y me rodea y se para a mi otro costado y se queda ahí, quietito. Y de repente me dice "que calor que hace" y le contesto que sí con otra de mis sonrisas que deseo le sirvan para algo. A los pocos segundos me vuelve a mirar, me vuelve a agradecer y me acerca la cara para darme un beso, o que se lo de yo. Y se lo doy, cómo no se lo voy a dar si es lo único lindo que se va a llevar de ese vagón. Y le vuelvo a tocar el hombro, a recomendarle que se cuide y allá va, a seguir su odisea del otro lado de la puerta. Y en ese momento me quedo tan sola y con tanta fuerza acumulada en el pecho. Un poco de satisfacción, tristeza, asombro, dolor. No sé si es todo lo que podía hacer en ese momento, pero es lo que salió y creo que tan mal no estuvo. Quiero reír y llorar. Quiero que alguien entre los presentes se dé cuenta de lo que acaba de pasar, quiero que esa sensación que me está por desbordar les llegue a todos ellos, pero lo dudo. Me bajo del tren y tengo fuerza para todo, para lo que se me ocurra. Y me olvidé de las ganas de hacer pis y de la muela que sangra. ¿Qué importa todo eso? Son puras pavadas.
Y hasta llegar a casa todo es buena energía, finalmente en la esquina encuentro al recuperador por el que hace tantos días aguardaba mi colección de matutinos, le pido que me espere y se los alcanzo. "Ah, pensé que habías subido acá" "Cuidado que pesa." "Gracias" Y de enfrente la Federal "Pensé que te mudabas con esa bolsa." "No, jaja". Y mi vecina de no sé que piso "Es un lindo número el 7. Era el preferido de mi madre. Suerte, que tengas un buen día".
Si no es de esto, ¿de qué se trata la vida?
miércoles, 10 de agosto de 2011
De los celos - Click Punta de Ovillo
Podría pensar que es injusta. Pero prefiero pensar que es equilibrada y docente. Prefiero pensarlo aunque no me conviene. Porque aunque no me convenga y me duela, debo reconocer que el bien común importa más que el mío. Y debo aprender que me quiere enseñar. Todos los días y todo el tiempo. Y yo quiero tomar su enseñanza. Aunque no me convenga y me duela. Qué contradicción, pero quizás algún día no duela más. O quizás siga doliendo siempre para que no olvide que debo aprender.
Ella de él, vos de mí, él de aquel otro, yo del de más alla y una de por acá de otra de por ahí. Siempre desparejo, siempre mal repartido. O demasiado bien. Pocas veces recíproco. Pero no confundamos, no confundamos con amor ni con cariño, no son lo mismo aunque a veces parezca. Quiero creer que no es así. Estoy segura de que no es así. Y lo digo con racionalidad, aunque de esa queda poca. Lo digo en momentos de lucidez y lo grito todo el resto. Claro que no responde a ninguna lógica y por eso lo pataleo y lo lloro también. Y por eso te entiendo a vos, a ella, a él y me entiendo a mí misma, por ser tan irracional, por ser tan humana...
Ella de él, vos de mí, él de aquel otro, yo del de más alla y una de por acá de otra de por ahí. Siempre desparejo, siempre mal repartido. O demasiado bien. Pocas veces recíproco. Pero no confundamos, no confundamos con amor ni con cariño, no son lo mismo aunque a veces parezca. Quiero creer que no es así. Estoy segura de que no es así. Y lo digo con racionalidad, aunque de esa queda poca. Lo digo en momentos de lucidez y lo grito todo el resto. Claro que no responde a ninguna lógica y por eso lo pataleo y lo lloro también. Y por eso te entiendo a vos, a ella, a él y me entiendo a mí misma, por ser tan irracional, por ser tan humana...
martes, 9 de agosto de 2011
“Todo vuelve en la vida” o "El que da luz" - Click Punta de Ovillo
Hoy leí una frase de Indra Devi: "El que da luz y amor a todos los seres vivientes recibe infinitas veces lo que entrega. Su riqueza no tiene límites." Y esto me recordó que hace unos días les había robado un tema a dos empleados del super que conversaban y había escrito algo que no publiqué (seguramente estaba esperando que llegara esta señal). Acá va:
"¿Estamos realmente tan seguros de que todo vuelve en la vida? Cuando nos cuentan que a un hijo de puta le pasó algo malo es muy fácil contestar “Y si, che, fuera de joda que todo vuelve.” Y es que esta certeza nos libera de tantas cosas, ¿no? Primero, nos evita tener que entender que esa maldad esté realmente en la naturaleza humana; entender y tolerar por supuesto, creemos que como es “antinatural” ser malo, el universo de alguna manera lo equilibra haciéndole pasar terribles castigos a esos sádicos. Segundo, también nos evita hacernos demasiado problema por lo que le está pasando a ese otro, porque ¿qué nos vamos a preocupar nosotros de algo que el destino quiso (y, léase entre líneas, es lo justo)? Tercero, nos confirma que esas cosas horribles no nos van a pasar a nosotros, porque ¿qué somos nosotros? Bueeeenos… Y esta es medio de ida y vuelta, porque cuando nos enteramos de las desgracias ajenas también nos encanta pensar que “por algo será”. Cuánto más fácil es la vida con el “por algo será”, ¿no? Nos saca tantos incómodos pesos de encima… Bueno, pero volviendo al tema, cuarto: el todo vuelve no es “lo malo vuelve” es “TODO vuelve” y TODO implica lo bueno y lo malo. Y entonces qué maravilloso, ¿no? Porque no sólo no nos va a venir lo malo, sino que además nos van a venir un montón de cosas geniales, porque ¿qué éramos nosotros? Bueeeenos… Y por si todo esto fuera poco, también es un excelente incentivo a ser mejores aún de todo lo buenos que somos, para asegurarnos la salvación. Y cuando el dolor le toca a los buenos empezamos con “por qué a fulanito que es tan buena persona” o “hay tantas basuras que la pasan bárbaro y le viene a tocar este que es un santo” y tantas variantes. Quizás hasta nos demos el permitido de dudar de si realmente todo vuelve, porque cuando nos sentimos vulnerables dudamos, tenemos miedo. Después de todo ¿dónde está el límite de merecer algo malo? ¿Cuánto es el mínimo no imponible de mal que tengo disponible para hacer sin recibir castigo? ¿Qué es malo y qué es bueno? ¿Hay escalas de maldad? ¿Quién se ocupa de llevar las cuentas? ¿Dios? ¿Y los malos qué piensan a todo esto? ¿Ellos también usan esta frase para disimular? ¿Ellos saben que son malos? Después de todo siempre hay alguien más malo que uno con quien aplicarlo…
Lo cierto es que parece ser que de alguna manera pensar que todo vuelve nos aliviana el dolor o al menos, cuando nos toca atravesarlo, es como si nos abriera una libretita a nuestro favor y nos queda el consuelo de cobrarnos la deuda que la vida tiene pendiente con nosotros más adelante y así poder seguir. Y si en algún punto nos hace sentir mejor, quién soy yo para juzgarlo. Y si, en el fondo, soy de las que cree fervientemente que en la vida, todo vuelve…"
Pero al leer esa frase entendí. Encontré una respuesta a todas las preguntas que me había planteado. Y la respuesta es (cómo no me di cuenta antes?) la física cuántica! Lo bueno y lo malo no va ni vuelve, ni alguien superior te lo manda en respuesta a cómo te portaste. Lo que uno recibe es lo que quiere recibir. Sí, ya se, no es siempre así, si no a todos nos iría fantástico y no existirían las desgracias. Pero no estoy hablando de lo que nos pasa, sino de lo que hacemos con lo que nos pasa (aquí debo admitir que esta frase es robada de por ahí y la he leído en múltiples versiones diferentes y todas igual de ciertas). Tantas veces somos dueños de nuestras reacciones y no nos damos cuenta y preferimos conformarnos con lo que creemos que nos tocó. Llego a pensar que la mayor búsqueda que uno hace en la vida, es justamente la de aprender a transformar cada momento, bueno o malo, en algo útil, en algo que nos fortalezca, que nos enseñe, que nos mejore y que nos construya. Bueno, no sé, quizás sea demasiado optimista, pero Indra Devi vivió casi 103 años pensando así, no?
"¿Estamos realmente tan seguros de que todo vuelve en la vida? Cuando nos cuentan que a un hijo de puta le pasó algo malo es muy fácil contestar “Y si, che, fuera de joda que todo vuelve.” Y es que esta certeza nos libera de tantas cosas, ¿no? Primero, nos evita tener que entender que esa maldad esté realmente en la naturaleza humana; entender y tolerar por supuesto, creemos que como es “antinatural” ser malo, el universo de alguna manera lo equilibra haciéndole pasar terribles castigos a esos sádicos. Segundo, también nos evita hacernos demasiado problema por lo que le está pasando a ese otro, porque ¿qué nos vamos a preocupar nosotros de algo que el destino quiso (y, léase entre líneas, es lo justo)? Tercero, nos confirma que esas cosas horribles no nos van a pasar a nosotros, porque ¿qué somos nosotros? Bueeeenos… Y esta es medio de ida y vuelta, porque cuando nos enteramos de las desgracias ajenas también nos encanta pensar que “por algo será”. Cuánto más fácil es la vida con el “por algo será”, ¿no? Nos saca tantos incómodos pesos de encima… Bueno, pero volviendo al tema, cuarto: el todo vuelve no es “lo malo vuelve” es “TODO vuelve” y TODO implica lo bueno y lo malo. Y entonces qué maravilloso, ¿no? Porque no sólo no nos va a venir lo malo, sino que además nos van a venir un montón de cosas geniales, porque ¿qué éramos nosotros? Bueeeenos… Y por si todo esto fuera poco, también es un excelente incentivo a ser mejores aún de todo lo buenos que somos, para asegurarnos la salvación. Y cuando el dolor le toca a los buenos empezamos con “por qué a fulanito que es tan buena persona” o “hay tantas basuras que la pasan bárbaro y le viene a tocar este que es un santo” y tantas variantes. Quizás hasta nos demos el permitido de dudar de si realmente todo vuelve, porque cuando nos sentimos vulnerables dudamos, tenemos miedo. Después de todo ¿dónde está el límite de merecer algo malo? ¿Cuánto es el mínimo no imponible de mal que tengo disponible para hacer sin recibir castigo? ¿Qué es malo y qué es bueno? ¿Hay escalas de maldad? ¿Quién se ocupa de llevar las cuentas? ¿Dios? ¿Y los malos qué piensan a todo esto? ¿Ellos también usan esta frase para disimular? ¿Ellos saben que son malos? Después de todo siempre hay alguien más malo que uno con quien aplicarlo…
Lo cierto es que parece ser que de alguna manera pensar que todo vuelve nos aliviana el dolor o al menos, cuando nos toca atravesarlo, es como si nos abriera una libretita a nuestro favor y nos queda el consuelo de cobrarnos la deuda que la vida tiene pendiente con nosotros más adelante y así poder seguir. Y si en algún punto nos hace sentir mejor, quién soy yo para juzgarlo. Y si, en el fondo, soy de las que cree fervientemente que en la vida, todo vuelve…"
Pero al leer esa frase entendí. Encontré una respuesta a todas las preguntas que me había planteado. Y la respuesta es (cómo no me di cuenta antes?) la física cuántica! Lo bueno y lo malo no va ni vuelve, ni alguien superior te lo manda en respuesta a cómo te portaste. Lo que uno recibe es lo que quiere recibir. Sí, ya se, no es siempre así, si no a todos nos iría fantástico y no existirían las desgracias. Pero no estoy hablando de lo que nos pasa, sino de lo que hacemos con lo que nos pasa (aquí debo admitir que esta frase es robada de por ahí y la he leído en múltiples versiones diferentes y todas igual de ciertas). Tantas veces somos dueños de nuestras reacciones y no nos damos cuenta y preferimos conformarnos con lo que creemos que nos tocó. Llego a pensar que la mayor búsqueda que uno hace en la vida, es justamente la de aprender a transformar cada momento, bueno o malo, en algo útil, en algo que nos fortalezca, que nos enseñe, que nos mejore y que nos construya. Bueno, no sé, quizás sea demasiado optimista, pero Indra Devi vivió casi 103 años pensando así, no?
domingo, 7 de agosto de 2011
Lo que odio de mí - Click Terapia
Odio mi puta culpa y mi ridículo sentido de la responsabilidad.
Que si ofrezco, que sirva. Que si me ofrecen, me sirva.
Que si voy, llevar. Que si vienen, tener.
Que si regalo, que guste. Que si me regalan, me guste.
Que si me preguntan, contestar. Que si pregunto, no molestar.
Que si callo, indiferente. Que si opino, aburro.
Que si hablo, monopolizo. Que si escucho, no comparto.
Que si soy autoreferencial. Que si hablo de los demás.
Que si dulce, empalago. Que si fría, congelo.
Que si ayudo, puedo más. Si me ayudan, debo más.
Que si el vaso medio lleno, no te ayudo a mejorar. Si te muestro lo que falta, peco de soberbia.
Captar lo que me molesta de los demás y evitar repetirlo. No entender que no nací para suplir tus falencias. Quiero ser sólo una versión perfectible de mí misma.
Que si ofrezco, que sirva. Que si me ofrecen, me sirva.
Que si voy, llevar. Que si vienen, tener.
Que si regalo, que guste. Que si me regalan, me guste.
Que si me preguntan, contestar. Que si pregunto, no molestar.
Que si callo, indiferente. Que si opino, aburro.
Que si hablo, monopolizo. Que si escucho, no comparto.
Que si soy autoreferencial. Que si hablo de los demás.
Que si dulce, empalago. Que si fría, congelo.
Que si ayudo, puedo más. Si me ayudan, debo más.
Que si el vaso medio lleno, no te ayudo a mejorar. Si te muestro lo que falta, peco de soberbia.
Captar lo que me molesta de los demás y evitar repetirlo. No entender que no nací para suplir tus falencias. Quiero ser sólo una versión perfectible de mí misma.
sábado, 6 de agosto de 2011
La mentirosa fracasada - Click Punta de Ovillo
Si ella tantas veces me engaña a mí, ¿por qué nunca nunca me deja engañarla a ella?
Se corta la luz. Tiene su magia. Es divertido. No, divertido no, es pacífico. Las velas, la oscuridad, el silencio, todo eso. Y pienso mejor. El tema es cuando se acaba la batería de la compu y me impide seguir con lo que estaba haciendo. Y justo cuando se apaga, vuelve la luz. Entonces pienso "que lástima, estaba bueno con la luz cortada". Y sigo pensando "y por qué no apago la tele, la luz, prendo de nuevo la vela y juego a que sigue la luz cortada". Pero no, no es lo mismo, claro que no es lo mismo.
¿Ves? Ella nunca se deja engañar. Al final es muchísimo más inteligente que yo. Y más yegua también.
Se corta la luz. Tiene su magia. Es divertido. No, divertido no, es pacífico. Las velas, la oscuridad, el silencio, todo eso. Y pienso mejor. El tema es cuando se acaba la batería de la compu y me impide seguir con lo que estaba haciendo. Y justo cuando se apaga, vuelve la luz. Entonces pienso "que lástima, estaba bueno con la luz cortada". Y sigo pensando "y por qué no apago la tele, la luz, prendo de nuevo la vela y juego a que sigue la luz cortada". Pero no, no es lo mismo, claro que no es lo mismo.
¿Ves? Ella nunca se deja engañar. Al final es muchísimo más inteligente que yo. Y más yegua también.
La mente y sus refugios - Click Punta de Ovillo
Creo que nuestra mente a través de los años se va creando hábitos y encontrando refugios donde protegerse de la adversidad. Y tengo también la sensación de que cuando uno le quita esos espacios, ella se adapta para dejarnos continuar. Pero parece ser que si le devolvemos una pizca del hábito ella se le aferra con todas sus fuerzas y aparecen recovecos donde una mente usualmente gris sólo acepta blancos y negros. ¿Es en ese momento cuando uno debe enviar todos sus soldados del subconsciente a tomar las armas de lecciones acumuladas para ganar la batalla del autocontrol? La cordura es tan simple cuando es de otros, pero tan imposible de alcanzar. Si en diez segundos paso de la serenidad al llanto y al placer y a la risa, seguro es porque todos mis soldados están dando pelea, pero una vez más, no van a ganar. ¿Se puede ser tan exageradamente loca y tan rígidamente racional? Si, señores, claro que se puede.
viernes, 5 de agosto de 2011
Bipolaridad salvadora - Click Punta de Ovillo
A ver... ¿Por qué a veces disfrutamos locamente las mismas cosas que otras veces nos enojan tanto? ¿Cómo puede ser que un día te canto lo que otro día te ladro? Como si los hechos se pudieran dividir en tres categorías: los que me irritan siempre, los que me alegran siempre y los que me chiflan según pinte el humor, la meteorología o la casualidad. Supongo que si no fuera así, todo (y yo misma) sería demasiado predecible, chato, insípido, pero sobre todo rutinario e insoportable. Todo nos pondría de mal humor aún antes de ponernos de mal humor y no quedaría espacio a la sorpresa. Y no me podría reír de mí misma, que es una de las cosas que más me gustan. Y aunque a veces me desconcierte un poco, en general me divierte ese azar. Porque para eso existe el azar de mi locura.
¿Qué hago acá? - Click Fuera de la Realidad y un poquito Retro
¿Ya dije cuánto me gusta caminar por la calle un día soleado de invierno? Las cosas más extrañas y maravillosas me pasan haciendo algo tan simple como caminar por la calle un día soleado de invierno. Y de repente ¿qué hago acá? Huelo a época escolar, MI época escolar. Muchas veces huelo aire de mis años de colegio, será que no entiendo que crecí. Pero la pregunta es ¿qué hago caminando por esta calle si recién estaba en casa? Aunque es lindo estar acá y no tengo ganas de estar en otro lugar. Es más, detendría este momento y me quedaría así. Pero ¿qué haría acá parada? Ya no sería igual de lindo. Entonces sigo caminando y el momento se va.
jueves, 4 de agosto de 2011
Jajaja - Ponele que Click Poeta
Reírte. Si te podés reír no hay nada que no puedas. La risa es la síntesis de todo. Nos conecta, nos une y nos hermana. Propaga la buena energía como la mejor de las plagas con la velocidad de la luz. Te lleva, te trae, se va y vuelve en cataratas. Te enloquece y te devuelve la razón. Y cuando no puede más se vuelve líquida y te sale por los ojos y se transforma en llanto que no es llanto, sigue siendo risa, de la mejor.
miércoles, 3 de agosto de 2011
martes, 2 de agosto de 2011
El de hoy – Click Feliz
Un click feliz se puede dar en cualquier momento, hasta en la cocina esperando que salten las tostadas. A mí se me da muchas veces caminando por la calle un día de sol (o esporádicamente de lluvia), quizás mejor si está fresco y ni hablar si tengo el pelo suelto. Y cuando salgo de una clase de baile. Hoy se me apareció así. En esos momentos me siento especial, me siento linda, todopoderosa, hasta siento que la gente me ve brillar. Estoy segura de que me ven brillar. Y a veces sonrío para que no queden dudas.
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