miércoles, 31 de agosto de 2011

Nunca más

¿Cómo se puede ser tan soberanamente hijo de puta? ¿Qué mierda tiene en la cabeza el terrible sorete que secuestra a una nena y decide asesinarla? ¿Cómo resiste esa cosa (perdón, pero no le puedo decir persona) la mirada agonizante, llena de terror y desconcierto de quien se encuentra con la muerte exageradamente temprano y no por culpa del destino, Dios o lo que fuere que decide esas cosas, sino a manos de una tremenda lacra humana que al saberse inservible, incapaz de vivir una vida, elige quitársela a otro? Y le arruina la existencia a una familia que de ahora en más va a andar por la vida con una parte menos, con el corazón hecho pedazos. Y a todos los que mañana nos vamos a despertar con la sensación de vivir en un país que no deseamos, en un mundo que no queremos.

No le deseo la muerte, no se la deseo a nadie. A algunos les queda chica. Les deseo que cada mañana al despertar, cada mediodía, cada tarde y cada noche antes de acostarse, los atormente la mirada de esa nena (y la de quién sabe cuántos otros que habrán matado a sangre fría; qué digo sangre, veneno deben tener en las venas). Que no puedan con su consciencia si es que la tienen, que no puedan mirarse al espejo sin que lo invadan las náuseas, que a cada paso que den las agujas de la culpa se les claven en el cerebro y no los dejen pensar, que les pese el alma, que no puedan respirar, que no duerman nunca más.

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