Hay algo más que odio de mí y olvidé decirlo antes. Pero está bien, porque merece un párrafo aparte. Porque lo odio MUCHO. Porque me bloquea. Es mi autoexigencia que me frena y censura. Que además de autoexigencia es inseguridad.
No es casual que hace muchos días no escribo. Me agoté. No me cansé de escribir, me cansé de que se me crucen ideas y que al formularse en mi cabeza me parezcan asquerosas y aborrecibles. Me cansé de lo mismo que me impide hacer tantas cosas que en un principio me parecen magníficas y al ratito descartables. Me cansé de que todo me recuerde a todo, de que las formas nuevas me lleven a las viejas que ya me empalagaron. De los adjetivos, los sinónimos, de empezar las frases con "ys", con "peros", con "porques", de repetir partes de la frase anterior para enfatizar, de la sensibilidad extrema y la exposición. De leer y releer. De buscar, de encontrar, de gastar las palabras.
Me cansé de no avanzar, de encerrar mi potencial, ningunearlo y aplastarlo. Y ahí está otra vez, la desazón, ya no quiero más.
El día que me decida a darle una segunda oportunidad a la terapia le paso este link al psicólogo y que se anoticie de mis problemitas, así no gasto saliva. Este es un buen lugar para empezar. Sí, sí, voy a hacer eso. Bueno, al menos sirvió para algo.
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