Un día me empezó a dar miedo la vejez. Pero no el chiste de que se acercan los 30 y me hago la vieja. Porque yo sé que tener 30 no es ser vieja, y menos hoy en día.
Es que uno no cree que de verdad va a llegar a ese momento. De la boca para afuera todos sabemos que va a pasar (al menos eso esperamos), pero muy en el fondo, seamos sinceros, ¿no tenemos la sensación de que somos eternamente jóvenes? ¿No nos pasó que no nos dimos cuenta de cuándo terminó la adolescencia? Y entonces ¿qué nos hace pensar que nos vamos a dar cuenta cuando termine la "segunda edad"?
Ok, suponiendo que finalmente logro asumir que ese momento va a llegar (si es que tengo la suerte), lo que me da miedo no es exactamente eso. No es estar fea, arrugada, ni que los más jóvenes piensen que no sirvo para nada. Bueno, estoy mintiendo un poco, todo eso me aterra. Y también me aterra la movilidad, pensar que algún día mi cerebro va a pedir y mi cuerpo no le va a poder dar. Eso duele.
Pero aún así, hoy me encontré pensando algo nuevo y por nuevo más terrible: ¿para qué vive uno cuando es viejo? Y acá voy a hablar sólo de aquellos a los que la vejez del cuerpo les llega junto con la del espíritu. Porque hay gente que más allá de su edad cronológica, siempre es joven. Pero digo, la gente que a cierta edad deja de trabajar, de viajar, de salir de su casa, de leer, de cocinar, deja de ver seguido a sus nietos... Más aún, la gente que deja de creer que puede cambiar el mundo, aunque por "mundo" se entiendan las 4 paredes de su casa. ¿Para qué vive? Esporádicamente va al médico, pero ¿para qué? El suicidio suele no ser una opción, supongo que porque no es socialmente aceptable, porque no se acostumbra hacerlo o porque se teme. Pero ¿qué es la vida sin algo por delante? Me parece imposible imaginar seguir sin metas a corto, mediano y largo plazo. Me gusta creer que a todos nos pasa igual. Y aunque escuché muchas veces la frase "sin proyectos estás muerto en vida", nunca la había asimilado y nunca me había preguntado qué pasa cuando llega ese momento.
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